Mucho se habla de información, pero poco de la libertad de expresión.
A pesar de que es un derecho que todo ciudadano posee, es coartada en forma permanente, en cualquier ámbito social, y al hacerlo se comete un acto cruel, el de la destrucción de la identidad. Si no sos y pensás como yo, no existís.
Cuánto más cruel es entonces la autocensura. Muchas veces, por miedo a la respuesta que nos puedan dar, no expresamos nuestros sentimientos, nuestra verdad y nos encerramos, nos encadenamos, nos coartamos como nuestro peor enemigo.
Pasemos las cosas a un contexto mayor: los medios de comunicación. Son los principales agitadores de la autocensura: instalan un discurso de ideas (su idea) y con ello influyen permanentemente a la población. Somos conscientes de que nadie tiene la obligación de llevarles el apunte, pero seamos realistas: el bombardeo permanente de determinadas noticias en detrimento de otras que quizás sean más importantes, contamina la visión que uno tiene de la realidad. Si la opinión personal ya de por sí se construye a través de influencias externas, con la tergiversación de la información y la instalación de un discurso que responde a intereses, la opinión personal queda diluida en una marea embravecida de argumentos vacíos.
Desde este espacio nos propusimos como fin principal, que cada uno se exprese a su manera. Ya sea desde la redacción de un artículo, una filmación o edición de un video, una portada o un simple comentario. Tenemos la libertad que tanto costó conseguirla: ahora solo hay que disfrutarla.
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